Por Bernardo Moreno
Le planteé la siguiente pregunta a la inteligencia artificial de mi teléfono: para ti, ¿qué es la inteligencia artificial? Aquí su respuesta: “Una pregunta profunda. Para mí, la inteligencia artificial (IA) es una tecnología que simula la inteligencia humana mediante algoritmos y modelos matemáticos, permitiendo a las máquinas aprender, razonar y tomar decisiones de manera autónoma”
En una entrevista, Elon Musk afirma que será la fuerza más disruptiva de la historia, y en otro momento dijo que podría ser el mejor y más paciente tutor. Sin embargo, también advirtió que podría llegar a ser más peligrosa que las armas nucleares. Además, predijo que podrá desplazar a la fuerza laboral y dejar sin empleos a mucha gente.
Hoy en día, la IA está presente en cualquier campo, giro o especialización en donde el ser humano se desenvuelva, desde la astrofísica y la milicia hasta la asistencia personalizada. Un ejemplo de esto son los asistentes virtuales, como Chat GPT (Chat Generative Pre-Trained Transformer), un modelo de lenguaje desarrollado por OpenAI, empresa fundada en 2015 por científicos y empresarios, incluyendo a Elon Musk. Otro ejemplo es Gemini, creado por Google.
Estos asistentes simulan el comportamiento humano: conversan, generan textos, traducciones, poemas, resúmenes, crean imágenes y responden a cualquier tipo de pregunta. A través de la convivencia continua, el usuario entrena al asistente para que evolucione y sea más preciso en sus respuestas.
Charlie Brooker, creador de la serie Black Mirror —conocida por explorar la distopía a la que nos puede llevar la tecnología—, reconoció que cuando apareció Chat GPT sintió euforia y pánico. Le pidió que generara la historia del siguiente episodio de la serie y, mientras aparecía el texto, quiso aventarse de la ventana. Al leerlo, la punzada en el estómago y el miedo desaparecieron. Supuso que la herramienta analizó lo que se ha escrito del programa y lo escupió simulando algo, que simplemente, carecía de alma y creatividad. Demasiado a la deriva. Concluyó que la inteligencia artificial ha llegado para quedarse y puede ser una herramienta muy poderosa, pero jamás podrá reemplazar a la gente y su desorden natural.
Parece que los buscadores en internet serán reemplazados por estos chats asistenciales. Podrían convertirse en una especie de prótesis ficticia con la que accesar a millones de datos decodificados, desencriptados para el beneficio común en nuestro andar cotidiano, si sabemos sacarle provecho. Al mismo tiempo somos parte del experimento que nos examina continuamente: modos, manifestaciones, pensamiento, actitudes, elecciones, sufrimiento, alegría, frustración y un largo etcétera para beneficio de quien esté atrás de la inteligencia artificial, buscando, también, cómo monetizar esto que podría conducirnos al pináculo del neoliberalismo.