Por Alicia Lopez
Este 8 de Marzo, mi madre festejará el Día Internacional de la Mujer realizándose una cirugía que tiene más de 30 años de retraso. Un accidente automovilístico probablemente le causó una fractura cervical que nadie nunca pensó en revisar y que hasta hace unos años comenzó a pasar factura. Su dolor y su salud fueron ignoradas porque, en su momento, mi madre estaba embarazada así que los médicos en el hospital al que fue llevada solamente se ocuparon en revisar el estado del embarazo, que también decidieron estaba bien. Dos veces se equivocaron, el producto falleció y mi madre estuvo al borde de la septicemia. Las décadas siguientes mi madre reconocía molestias cervicales al mover la cabeza de ciertas formas pero nunca se cuestionó la razón, mucho menos le fue ofrecido un medicamento para el dolor, que todos decidimos ignorar porque era más cómodo.

Si bien es común que los hombres sean menos propensos a buscar ayuda médica, las mujeres hemos aprendido a desconfiar del gremio médico a razón de ser ignorados nuestros síntomas y nuestros dolores constantemente. Gran mayoría de las mujeres que conozco viven con enfermedades crónicas femeninas que modifican sus cuerpos, sus emociones, sus estilos de vida y sus decisiones diarias, para lo cual la medicina moderna sólo puede ofrecerles hormonas anticonceptivas y la fuerte sugerencia (casi obligación) de modificar estrictamente la dieta, como si comerse una galleta fuera un crimen contra su salud y, de paso, contra la humanidad. Los síntomas del infarto en las mujeres (parecidos a una fuerte indigestión, además de una opresión en el pecho) tienden a ser ignorados incluso por los médicos, confundidos algunas veces con ataques de ansiedad e hipocondría, y resultan ser una de las principales causas de muerte en las mujeres.
Las hormonas femeninas son un elemento bien ignorado en la salud de la mujer, pues además sus cambios tienen relación con la densidad ósea, la glucosa, la salud cardiaca, entre bastantes otros factores. Investigaciones señalan que altos niveles de estrógeno disminuyen la rigidez en tendones y ligamentos, por lo que aumenta la posibilidad de sufrir lesiones, pero difícilmente nos enseñan a las mujeres que podemos sufrir mayores lesiones deportivas en los días previos a nuestra menstruación o durante el reemplazo hormonal. Nadie le dijo a mi madre que su menopausia podría fácilmente causarle osteoporosis, razón por la que perdió un par de muelas y por la que ahora su cirugía adquiere mayor dificultad. Todavía sigo conociendo personas que están buscando embarazarse, pero desconocen el proceso más común de un parto, incluso desconocen otros detalles relacionados con el posparto como los entuertos (un “sangrado” que dura semanas después del parto), la mastitis, o la preeclampsia posparto. Por eso se nos hace tan fácil ignorar la violencia médica y obstétrica, solo nos queda sobrevivir a las pesadillas que tenemos después de dejar el hospital.
Recientemente he celebrado bastante los hitos feministas que hemos logrado. Tener mujeres cis y trans, o personas no binaries, en la política es algo que yo veía lejísimos cuando era niña, para mí era una suposición de la posibilidad y no una realidad. Todavía no sobrepongo al shock de ver cómo las niñas de esta generación viven la realidad de tener una presidenta. Pero la celebración no me nace cuando sé que estas niñas tienen todavía un montón de obstáculos que enfrentar, no solo de salud como estuve recordando aquí, pero de seguridad, educación, desigualdad laboral y hasta política. Todavía nos queda a todos la obligación de cambiar las instituciones que minimizan las dolencias de las mujeres y que obstaculizan la educación sobre nuestros cuerpos. Yo también fui parte de esa tradición patriarcal e ignoré el dolor de mi madre porque era conveniente, pero hoy visibilizo la necesidad de salud y bienestar para la mitad de la población, esa mitad que trabaja el doble por muy poco a cambio. Imaginemos el mundo que tuviéramos si las mujeres fuéramos mucho más fuertes, más saludables, y tuviéramos las herramientas para verdaderamente cuidar de nuestros cuerpos y nuestra salud.